viernes, 2 de enero de 2026

TRES POEMAS DE JOHNNY BARBIERI

 TRES POEMAS DE JOHNNY BARBIERI DEL POEMARIO MADRE AMÉRICA



AMÉRICA MARÍA / de cómo se amaba a la mujer como al universo mismo

 

                                                                                    A Carmen Lizama

 

mi mujer se llama María, se llama luna, se llama siega en el campo

al atardecer.

se llama lluvia en el terral baldío, flama de leña que cuece los adobes,

río que serpea hacia las caudalosas aguas del Amazonas. se llama roble roto,

roca ígnea, nido de colmillos de caimanes.

mi mujer se llama María, se llama sol, se llama pared de granito que acaba

de caer.

se llama golondrina, se llama cántaro de agua, agua de garúa, tromba de enero, granizo de la Patagonia. se llama polen, mariposa iridiscente,

manos arqueadas por los años.

mi mujer se llama María, se llama mar, se llama tormenta mar adentro,

cardúmenes coleteando en la playa, barca encallada en la arena, albatros

volando en un vuelo eterno. 

se llama crisálida, niebla densa, arroyo recién nacido, eco que repiquetea

en la montaña, luz chispeante, recodo hecho con mis manos.

mi mujer se llama María, se llama tierra, se llama volcán, se llama América

donde se inicia el orbe, fosa bajo el nevado, pastizal que siempre retoña, ubre para el nacido.

se llama cantera pulida, manto paracas, fruto que brota de la tierra, hoja de coca chacchada. se llama puna, andenería, serpiente tallada en la piedra,

helada que estremece en el altiplano.

mi mujer se llama María, se llama luna, se llama sol, se llama mar, se llama

tierra, se llama América que crece y se ramifica al mundo.

 




GENÉSICO / en que se establece una relación entre hombre y natura

 

cuando nací me amamantaron los caimanes,

crecí reptando en la grama húmeda que se extendía a lo largo del Marañón,

el sol horadaba el camino por donde andaba al mundo.

la piedra sobre el helecho ajustando la espesura,

el nido caído, el cedro endurecido, las fauces de un animal milenario

petrificado frente a nosotros. yo crecía delineando las fronteras sobre

la tierra seca con las vértebras de un cuadrúpedo muerto.

cubrí mi cuerpo con mantas de tocuyo y hojas de nogal,

anduve en círculos bajo la lluvia oliendo el llantén

que me envolvía, cruzaba el río sobre una balsa que había hecho

con amarras de maderas de lupuna,

los cafetales se extendían kilómetros a la redonda,

las hojas de coca florecían verdes en la llanura, alrededor

                  las reses verdes pacían desolladas.

un acantilado con enredaderas, unos bejucos arrancados de raíz,

bajo el suelo la tumba abierta, el oro extraído,

la calavera petrificada, el ala chibcha abatida,

el camino araucano cubierto de cicatrices y levedad,

el dolor del parto de este día, las aves de carroña en el cielo,

los peces en las aguas envenenadas, el nido de las procreaciones eternas

                                          al son de los sikuris.

yo danzaba dando vueltas, girando como un astro alrededor

de un astro mayor, mis pies se ovillaban en la tierra,

mi cuerpo daba vueltas sin parar hasta que cesaban las pulsaciones.

América se eternizaba en mí.





ETNIA VERDE / del verde como color de la natura

estoy recorriendo los espacios de las procreaciones,

las entrañas de América me muestran los dolores del parto.

madre genésica,

verde al sur con cactus pequeños,

verde al norte destrenzada de cabellos verdes,

verde ensanchado a los extremos,

voy mordisqueando el verdor hasta romper mis dientes.

el sol calienta la piel mientras camino sobre este tapiado

de yerbas verdes.

todo es verde a mi alrededor, esta isla es verde a perpetuidad,

verde vendaval, verde lluvia que cae sobre el tejado,

nervadura verde, verde safari excavado desde sus entrañas,

matriz verde cepa, hongo crecido, hojas verdes con flores verdes violetas,

germinaciones verdes.

el litoral se extiende mientras busco tu cuerpo entre el follaje crecido.

camino y al andar la tierra se recrea haciéndose más imperecedera,

más ladeada a los extremos y más honda al centro.

estoy en el centro, en esta hollada de verdor,

y la nieve no cae porque no hay nieve verde,

y la noche no se eterniza porque no hay noche verde,

y el cielo se estremece de un verdor que solo es posible ver

desde este punto verde de nuestra América que crece indetenible.



Johnny Barbieri


TRES POEMAS DE JOHNNY BARBIERI

 TRES POEMAS DE JOHNNY BARBIERI DEL POEMARIO MADRE AMÉRICA AMÉRICA MARÍA / de cómo se amaba a la mujer como al universo mismo           ...