viernes, 15 de mayo de 2026

Las cicatrices de la exhibición - Cuento

 



Las cicatrices de la exhibición

 

-Solo serán unos minutos adentro - decía el guía mientras abría la puerta metálica. 

- No hagan movimientos bruscos y sigan las instrucciones de la cuidadora.

Debí irme en ese momento. Pero todos parecían emocionados.

El zoológico había inaugurado una experiencia exclusiva donde pequeños grupos podían entrar al área de convivencia de Tom, el chimpancé más famoso del lugar. Según los anuncios, era seguro porque había sido criado desde bebé por humanos.

Dalia prácticamente me obligó a entrar. 

- Samanta esta experiencia cuesta un montón. Disfrútala - me susurró riéndose.

Intenté sonreír, aunque algo dentro de mí se sentía incómodo.

El lugar era diferente al resto del zoológico. No había rejas ni vidrios de seguridad. Solo árboles artificiales, algunas rocas y una puerta de emergencia al fondo. Parecía más una sala de exhibición que el espacio de un animal salvaje. Entonces apareció él. Caminó lentamente hacia nosotros mientras una mujer se acercaba sonriendo, tenía una credencial con el nombre de Clara.

- No tengan miedo - dijo Clara con tranquilidad. 

- Tom está acostumbrado a convivir con personas. Yo lo lloro desde que era un bebé.

El chimpancé se sentó junto a ella como si entendiera cada palabra. Varias personas al ver, comenzaron a tomar fotos. Él observaba a cada persona lentamente, inquieto. 

- ¿Podemos acercarnos? - Preguntó a una niña. 

- Claro, pero uno por uno.

Las personas comenzaron a acercarse para tomar más fotos, ante ello, Tom parecía tranquilo, aunque respiraba cada vez más rápido. Yo no quería acercarme, había algo en él que me asustaba.

Dalia me empujó un poco.

- Ve, te tomo una foto rápida.

Suspiré y avancé, al notar esto, Clara sonriendo dijo

- Tranquila, él nunca lastimó a nadie. Y ahí fue que escuché un flash, luego otro y otro más. Tom giró bruscamente y soltó un chillido que hizo que todo el lugar se paralizara. Y en ese momento él comenzó a desesperarse, al punto de que la gente entró en pánico y comenzó a correr y empujarse mientras el chimpancé golpeaba el suelo y lanzaba todo lo que encontraba a su paso.

Intenté retroceder, pero inútilmente, tropecé. Y entonces me vi, nunca había sentido tanto miedo.

- ¡Samanta! - gritaba Dalia.

Intenté levantarme, pero él llegó antes.

Sentí cómo sus uñas se clavaban en mis brazos mientras trataba de apartarlo. Y empezaba a tener un dolor insoportable en mis hombros. Gritaba desesperadamente por ayuda, al sentir mi piel desgarrarse y el calor de la sangre correr por mi rostro. Cada movimiento era otra herida.

- ¡Tomás! ¡Suéltala! -gritaba Clara entre lágrimas

- ¡Soy yo! 

Pero él parecía no reconocerla. En medio del pánico, vi como tomó un cuchillo de emergencia y temblando, decía

- Lo siento Tom.

Después solo recuerdo luces y la sirena de una ambulancia. Cuando desperté en el hospital, tenía vendas cubriendo mi rostro y ambos brazos. Mi madre y mi amiga lloraban inconsolables al verme en ese estado. Nada sería igual.

Las noticias llamaron al caso "la tragedia de la exhibición". Todos discutían quién era el culpable. Pero nadie hablaba de lo difícil que era verme al espejo y sentir que la persona de antes, había desaparecido. 

Una noche vi a Clara en televisión y con la voz entrecortada decía

-Tom era parte de mi vida... lo llora como a un hijo.

En ese instante empecé a sentir mucha rabia, porque mientras ella lamentaba la pérdida de Tom, yo lamentaba haber perdido mi reflejo, mi vida. A veces sueño con ese día. Y siempre que despierto recuerdo lo mismo: "Los animales salvajes pueden acostumbrarse a los humanos, pero eso no significa que dejen de ser salvajes".

  

 (Allyson Durand - 5to "A")




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